Coronavirus II


Coronavirus II
Arturo tomo su vuelo en Shanghái, hizo escala en Tijuana y dos horas después estaba volando para México. Venia pensando que decirle a su familia cuando le preguntaran por Andrea. Aunque evitaba pensar en ella, su mente decía lo contrario y se la recordaba. Se dirigió al baño del avión para que no lo vieran los demás pasajeros, entró y se miró al espejo.
-          Como eres pendejo, ¿porque te mientes? La verdad si quieres verla güey. Y no solo eso, también quieres perdonarla y abrazarla no mames. Se puso a llorar.
Ahora como le iba a explicar a sus padres que Andrea no regresaba con el de China y que en verdad se había ido de golfa con un ingeniero Ingles. Que terrible.
-          Porque tengo yo que dar mis propias malas noticias, se decía en voz alta. Pinche Andrea, al menos deberías hacer eso tú.
Llego a México. Se sorprendió que nadie, ni la prensa ni la secretaria de salud los estuviera esperando. Parecía que todos estaban muy lejos de lo que ocurría en China. Su familia nunca leyó el mensaje que él les mando y nadie fue a recibirlo.
-          Bueno, al final fue mejor así, pensó.
Tomo un taxi y se dirigió a su casa. Donceles número doce, le dijo al taxista. Lo primero que hizo fue darse un baño. Se sirvió una copa grande de Don Pedro con coca y mucho hielo. Se tiró en el sofá y se quedó dormido. Eran las dos de la mañana cuando despertó. Se metió al baño y vio que tenía los brazos con un leve sarpullido.
-          Ya no vuelvo a tomar ese brandy. Salió del baño y tiro la botella al cesto de la cocina.
Se acostó y no tardo en quedarse dormido. Al día siguiente les llamo a sus papas.
-          Si mama, ya estoy en México, si todo bien con el viaje; no mama, no fui a Japón, estoy trabajando en China; no mama, Andrea no se regresó conmigo; Si, yo te la saludo; no, no estamos peleados, bueno si, luego te explico; si mama, te mando un beso, mañana paso con ustedes; hoy debo ir a mi oficina.
-          ¡Diantres! Como friega, pensó en voz alta y le colgó a su madre
Salió de su casa y se dirigió a su oficina. Al llegar saludo a la secretaria y se encerró en su despacho. Un cuadro de Andrea en Canadá se veía de fondo. Estaba sentada tomando una ardilla con sus manos. Lo levanto y lo saco a la calle. La secretaria se le quedo viendo cuando lo echo a la basura. Se regresó sin decir una palabra.
Se rasco un poco debajo de la camisa y se revisó. Tenía los brazos llenos de puntos rojos. Se remango la camisa y vio que ambos brazos estaban también así. Se acomodó nuevamente la camisa y se puso a trabajar. Paso una hora cuando se levantó y se dio cuenta que estaba sudando. Se quitó su saco y se dispuso salir.
-          Lupita, saldré a desayunar, si me busca alguien me tomas mis recados.
-          Está bien Ingeniero, y ¿Si le llama su novia la señorita Andrea?
-          No te preocupes, no creo que llame.
 En el restaurante se sentía un calor terrible, a pesar de que era invierno. El no traía saco y a pesar de eso traía la camisa empapada de sudor. Se entró y reviso la carta.
-          Se siente usted bien señor, le pregunto el mesero
-          Si, solo tráigame un vaso de agua
-          Enseguida
El mesero salió disparado por el agua, pero ya no alcanzo a traerlo. En ese momento Andrés cayó al suelo. Los meseros le desabotonaron la camisa y notaron que todo su torso lo traía lleno de puntitos rojos.
-          Qué raro se mira eso, dijo un mesero
-          Hay que llamar a una ambulancia, dijo una chica que estaba comiendo
-          Hagan espacio para que respire, dijo alguien
La ambulancia tardó una hora en llegar, para entonces el sitio estaba lleno de curiosos. Los paramédicos lo cargaron en camilla y lo llevaron hasta el hospital general. En el hospital lo dejaron una hora esperando en una camilla improvisada
-          Aquí no tenemos camillas, ¿viene con alguien? Pregunto el jefe de piso
-          No, viene solo, se desmayó y lo trajo la ambulancia
-          Bueno, pues que lo lleven al hospital de zona, porque aquí no puede estar, esto está lleno
Andrés fue llevado al hospital de zona hasta que lo reviso un médico. Le hizo unas preguntas
-          Ha estado usted fuera de México
-          Vengo regresando de Shanghái
-          Muy bien, dijo el doctor. Llamó a la enfermera.
-          Quiero que me aíslen esta habitación. Pónganle suero y lo dejan en observación. Quiero análisis generales de sangre y orina.
-          ¿Los análisis los quiere para mañana doctor? Pregunto la enfermera
-          Los quiero ahora mismo
-          Enseguida
-          Llame a la dirección de epidemiologia, dígales que creemos tener al paciente número uno con Coronavirus para que nos den indicaciones y protocolo a seguir.
Arturo se volvió famoso, de inmediato llegaron cadenas de televisión. Pusieron sus autos en el estacionamiento del hospital y dos camionetas en los espacios para ambulancias. La dirección del hospital les autorizo un cuarto para que pudieran trabajar cómodamente, aunque ese cuarto tenía cuatro camas.
-          Doctor, no tenemos medicamento retroviral que usted nos pide para el paciente, dijo la enfermera
-          Entonces hay que inyectarle suero y denle pastillas de paracetamol disueltas para que le baje la fiebre
-          Perdón, ¿eso hará que mejore?
-          No, pero al menos no se nos hace un escándalo con la prensa aquí.
-          Doctor, quería decirle que la gente de la prensa desconecto el electrocardiograma porque necesitaban cargar sus celulares.
-          Está bien, yo se los autorice
-          Pero doctor.
-          Ordenes mi querida enfermera, y señalo su celular. Órdenes.
En la habitación Arturo se debatía entre la vida, la muerte y no perder su espacio debido a la cantidad de reporteros y fotógrafos que circulaban en la habitación, todos tapados únicamente por un simple cubreboca y algunos que ni eso tenían, usaban su propia mano para cubrir su obligación de informar.
-          Doctor, es verdad que no estamos preparados para enfrentar el coronavirus?
-          Estamos más que preparados, y hemos establecido todos los protocolos
-          Doctor, existe suficiente medicamento para abastecer a la población. En ese momento Arturo tosió varias veces. Todos guardaron un silencio incomodo pues estaban cubriendo su noticia.
-          Sí, hay suficiente medicamento, estamos más que listos para enfrentar la contingencia.
El doctor salió de la habitación no sin antes tomarse la foto. Se paró junto a la cama de Arturo y se quitó su cubreboca. Arturo por su parte sonrió para la foto, así todo jodido por la enfermedad. La foto le dio la vuelta al mundo en menos de veinticuatro horas. México enfrenta la crisis del coronavirus, en la prensa internacional; y en la nacional, México abastecido con medicamentos.
Al otro día Arturo se despertó sin fiebre. Se sentía cansado, pero mejor y vio que sus puntos en los brazos estaban desapareciendo. Le llamo a la enfermera. Esta tuvo que sortear a los reporteros y las cajas de cámaras que habían dejado en el suelo.
-          Le voy a tomar la temperatura. En ese momento llego el Doctor.
-          Como esta señorita
-          Doctor, está mucho mejor. Ya tengo los análisis de laboratorio
-          ¿Hasta ahora?
-          Si Doctor, recuerde que los pidió de urgencia, sino me los entregan hasta el lunes. Le extendió los análisis al Médico.
-          El paciente tiene dengue benigno
-          Si Doctor
-          ¿Alguien sabe de esto?
-          No doctor.
-          Pues vamos a dejarlo así
-          ¿Y el paciente?
-          Déjelo aquí, necesitamos que se haga pendejo un día más. Por la tarde la prensa se irá y él podrá marcharse, mientras vamos a darle algo bueno de comer.
-          Entendido doctor
-          Recuerde que nuestra labor es proteger la salud. Dicho esto salió de la habitación, no sin antes tropezar con una caja que habían dejado ahí los señores de la prensa.

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